
¿Habrá muerto el rey del rock and roll? ¿Será verdad que está vivo? ¿Su muerte fue una invención para poder alejarse de los escenarios? Sin duda, estas preguntas no tienen respuestas y lo único que tenemos claro, o creemos tenerlo, es que este jueves 16 se cumplen treinta años de la muerte de Presley.
Apagué la televisión, apagué el escaldasono, apagué la luz, cerré los ojos y traté de desconectar el switch de mi cerebro que andaba medio recalentado, acelerado, a punto de hacer corto circuito. Pero todo fue inútil, no podía dormir. Pensaba en la muerte de Elvis Presley, en las miles de velas que se encenderían en su honor en las afueras de su mansión en Graceland el próximo jueves, en su esposa, Priscilla, y en la “pequeña” Liza Marie. En la sobredosis de pastillas de adictivos colores que conquistaron al rey hasta hacerlo perder la cabeza, terminando por conseguir lo inevitable, que su corazón estallará y destrozará, al mismo tiempo, el de sus múltiples seguidores. Una vida de “Sexo, drogas y rock and roll” dejó tendido su gastado cuerpo en las frías baldosas de un baño, asfixiado de calmantes y de inexplicables tristezas.
Los minutos avanzaban, mis ojos comenzaban a parpadear, acomodé los cojines fucsias de mi cama y las ideas que rondaban por mi mente se tornaron confusas. ¡El rey ha muerto! ¡Ha muerto! -pensé- murió hace treinta años, ni siquiera yo había nacido, no hay que pensar más en eso. Me di varias vueltas en mi cama, abracé mis sabanas y volví a cerrar los ojos. Pero en ese preciso instante sentí que algo se apoyaba al lado mío y el colchón comenzaba a hundirse lentamente, sentí calor, una presencia que me dejó perpleja. Inmóvil, traté de ignorar el cuerpo que invadía mi cama, traté de no respirar, de no pensar. Sin pensarlo dos veces cambie mi táctica, me moví, pero mi cuerpo no me hizo caso y se quedó estático. ¡Parálisis total! Lo volví a intentar y me volteé con los ojos muy abiertos, suplicando con la mirada que no tuviera ningún amante desconocido en mi cama. ¡Ni un pretty woman me convencería! No había nadie al lado mío, sólo los rastros de mi imaginación y el insomnio que me acompañaría esa noche. Estiré mis brazos horizontalmente ocupando el máximo de la cama, esforzándome para que ningún ser extraño me hiciera compañía, por lo menos, esa noche.
¡El rey ha muerto! –pensé y cambié de parecer rápidamente- ¡El rey está vivo!-. Al parecer, en mis sueños, Elvis no estaba muerto, sólo andaba de parranda. Pero a qué adolescente de los cincuenta no le hubiera gustado pasar una noche con Elvis, o si no acuérdense de como gritaban cuando el rey hacía su movimiento de caderas al ritmo de un Be bop a lula. Pero estas ex-adolescentes tendrán que aceptar que al rey le dieron ganas de celebrar su aniversario y me dedicó Only you la noche que pasó conmigo.
4 comentarios:
me gustó la forma del relato
y la fantasía con el Rey.
CHE
only youuuuuuuuuuuuuuuu (8)
buena Elvis
el amante fantasme le dirian por ahi.
yo le llamo psicosis colectiva: aceptenlo! se murio el loquito.
un beso cataluña y siga siendo la periodista top del momento.
kisses
cariño...actualiceceme!
muac!
Sorry por no actulaizar, no he tenido tiempo!!
Prometo hacerlo!
Jo.
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